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Para el 2019 Fray Felipe estará trabajando Inteligencia Emocional

Para el 2019 Fray Felipe estará trabajando Inteligencia Emocional

INTELIGENCIA EMOCIONAL LA ESENCIA PARA EL ÉXITO DE TODAS LAS INTELIGENCIAS

La historia nos muestra la caída de sociedades poderosas.  Causales diversas, han ocasionado estas catástrofes, sin embargo, una se repite en todas:  El deterioro de los valores y principios que les dieron origen.

Los valores y principios se transmiten en la oralidad y el accionar de los mayores a las nacientes generaciones y al referirnos a los mayores, hablamos de los adultos;  dentro de ellos se incluye a los docentes de los sistemas educativos que rigen la sociedad.

Los valores y principios son como un hilo que enlaza a todos los miembros de una sociedad y  los identifica como un grupo con identidad propia.

En las sociedades, por razones diversas, ese hilo se rompe inicia la pérdida de la identidad y con ello, el rumbo y todo lo que los ha hecho exitosos como grupo humano.

Los sistemas educativos a su vez conformados por seres humanos, pierden su misión y prevalece entonces, el accionar individual antes que el accionar colectivo.

Siendo ambos, adultos y sistemas educativos quienes transmiten lo que ha hecho exitosa a la sociedad, su ineficiencia, lentamente, llevará al colapso lo que un día funcionó.

Costa Rica no es la excepción, hoy muestra todos los síntomas de descomposición social y la pérdida de valores y principios que la edificaron e identificaron.  Inmersa en el consumismo desmesurado del capitalismo y la ambición por el poder económico, ambos padres, los adultos, a diferencia de ayer, salen a buscar recursos que los hagan tener un estatus social, bienes en demasía y grandes responsabilidades para mantener lo que construyen diariamente.  Las nuevas generaciones ante padres ocupados y ausentes, ya no tiene la oportunidad de formarse dentro de los valores y principios de quienes los antecedieron.

El sistema educativo, por su parte, corre la misma suerte compuesta por seres humanos mal formados en los hogares, no pueden ser el segundo bastión para salvar el futuro de nuestra sociedad.  Sin dirección ni guía definida por una identidad nacional, funciona individualmente en las aulas y  la colectividad no es su quehacer existencial.  Divaga en las individualidades exitosas algunas veces, pero mayormente en la  mediocridad y la mala ejecución de sus funciones, sin saber qué hacer para mantener la idiosincrasia esencial que le dio vida, contribuyendo con su quehacer a la destrucción de la sociedad costarricense.

Es aquí donde se debe incluir un factor que aparece ante las crisis y contribuye enormemente al aceleramiento del proceso:   el relativismo.  Desaparecen los principios vitales que nos ha mantenido como sociedad, para dar paso al concepto, nada es bueno o malo, correcto e incorrecto, las situaciones o circunstancias justifican todas las conductas sean estas propias del costarricense desde su origen o importadas y ajenas a nuestra identidad nacional.  Con rapidez e imperceptiblemente desaparece lo que un día incremento nuestras fortalezas y  nos permitió ir trabajando sobre nuestras debilidades.

No sabemos quiénes hemos sido y por tanto caminamos por caminar únicamente.

El hogar, base de toda la construcción del individuo carece de figuras parentales con tiempo y sapiencia para guiar a sus sucesores.  Delegan toda la responsabilidad a un sistema educativo tan disperso e inconsciente como él y ambos padres y educadores no poseen coincidencias colectivas.

Podríamos decir que las víctimas son las nuevas generaciones pero ineludiblemente, estas a su vez, deterioran y dañan las generaciones antecedentes y la sociedad en general.

El mayor problema se presenta cuando maestros y padres se convierten en enemigos antes que aliados.

La ausencia parental genera culpa, ansiedad y mucha permisividad, por su parte, el sistema educativo, sin apoyo familiar, le apunta al desarrollo cognitivo y deja de lado la formación emocional y conductual de quienes a futuro sostendrán la Costa Rica del mañana.

Desconocen las causales y consecuencias del quehacer humano, todo aquello que hizo de nuestro país algo valioso y necesariamente preservable. Lamentablemente no están preparados para esta tarea, ellos mismos ya están sumergidos y asfixiados por la crisis del país, no saben de dónde vienen, cómo caminar en el hoy y llegar a un mañana mejorado.

Cada conducta que se instaura en las aulas, es parte del proceso de germinación y formación de valores y principios sociales, que a la postre, son una gran necesidad para la permanencia de una identidad nacional humana, justa y pacífica.

Es urgente, lineamientos y asesoramiento de quienes dirigen la educación, a nivel de todos los mandos, establecer claramente los pasos a seguir para formar ciudadanos inteligentes emocionalmente y una clara versión de cuál debe ser la identidad del costarricense que ingresa a Sistema Educativo Nacional y cuáles son las expectativas.

Ahora vamos al aula propiamente.  Todos hemos escuchado y vivenciado lo ocurrido a aquel estudiante o compañero, que siendo el primero de su clase en rendimiento académico, no logró a través de su vida:  Meta, empleos exitosos, carreras profesionales de altas responsabilidades, relaciones interpersonales valiosas y competencias intrapersonales que le permitieran reinventarse cuando el medio social se lo demandó.

Este tipo de seres humanos han existido por siempre, pero hoy se han incrementado en su número y se han hecho más notorias, algo se debe agregar en la formación de las nuevas generaciones, y es por ello que se hace la siguiente propuesta para el desarrollo emocional de los estudiantes dentro de las aulas en el Centro Educativo Fray Felipe.

Los hábitos y conductas que se solicitan a los alumnos en las aulas construyen la inteligencia emocional de todos y son a futuro los fundamentos del comportamiento del adulto.  Los valores y principios se forman e instauran a través del quehacer y la observación diaria, así como en la práctica constante, coherente y consistente.

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